Admiro la capacidad que tienen algunos seres humanos para dedicar su vida a intentar llenar los huecos que esta misma ha provocado en la persona en concreto. Estos seres humanos buscan una receta para hacer desaparecer los golpes que nos hacen débiles y fuertes a la vez, buscan una receta para hacer desaparecer las puñaladas que recibimos por la espalda a medida que crecemos.

Ellos se empeñan en encontrar una solución a su imperfección emocional; a su permanente inmersión en la tristeza, la impotencia y la rabia. 

Lamentablemente, esa receta no existe, y aunque realmente no se llegue a ninguna parte, puedes llegar a encontrarte a ti mismo, se obtiene bienestar personal, distracción y aunque sea falsa, también esperanza.

Los agujeros negros que portamos son el resultado de todo aquello que en su día nos dolió, nos provocó una extraña sensación de soledad y ganas de llorar; lo que en su día nos produjo un incómodo nudo en la garganta y un cambio de perspectiva respecto a la vida. Llega un punto en el cual, estos pozos sin fondo se apoderan de nuestra ingenuidad y a cambio nos dan prudencia. Un negocio, a mi parecer, bastante sucio.

La cuestión es asumir que esos vacíos van a estar siempre en nosotros. La cuestión es aprender a vivir con ellos, a aceptar que poseemos heridas que nunca llegarán a cerrarse (unas son superficiales, otras sin embargo son muy profundas). Comprender que la vida es pisar sobre arenas movedizas en las que te puedes hundir. No es que me guste tener lagunas que me recuerden lo que es la tristeza, pero me ayudan a no olvidar lo que es la felicidad cuando la encuentro.

Los agujeros negros si se suman son muchos, demasiados. Pero si sumamos cada momento de alegría, por insignificante que sea, conseguimos doblar a los primeros. Es cuestión de valorar las cosas pequeñas que nos hacen grandes día a día. 

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Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, si no sencillamente que se cumplan los míos.
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